En la actual imagen de la ciencia natural académica, la Tierra se presenta como una formación muerta que se va desmoronando y a la que le espera un predecible final físico-químico. El objetivo de Cloos es demostrar cómo, a partir de los materiales existentes, se puede llegar a una imagen de pretéritos estados de la Tierra, en los que la Tierra en su conjunto se halla en un estado de vida global. Un estado de vida que, ya desde sus inicios primigenios, tenía como objetivo la formación de la entidad humana. Ello hace que el ser humano se vea incluido en el devenir de la Tierra. Pero también se proyecta una luz totalmente nueva sobre el mundo de las rocas que resultará sorprendente al lector.
Junto al estudio cuantitativo físico-químico de la materia, puede aparecer una captación cualitativa, bien fundamentada, de lo material de la Tierra y de su proceso de vida aún todavía activo. Las exposiciones se fundamentan en los resultados de la investigación de Rudolf Steiner llevadas a lo pormenorizado con el estudio del material existente en la geología.
Por suerte o por desgracia (según cómo se lo enfoque), los actuales desastres que ha provocado en el entorno nuestra actitud depredadora, basada en el reduccionismo materialista, ha despertado una conciencia global ecológica y de responsabilidad, sobre nuestro papel en la naturaleza. Se han empezado a buscar paradigmas más integrales sobre la vida de nuestro planeta. Y se habla del planeta viviente, de «Gea», de que “la Tierra es un ser vivo”, etc. Pero la concepción de la naturaleza aún prevaleciente hace que las mentes más bien intencionadas en esa corriente estén aún muy lejos de entender qué quiere decir esa bella definición. Walther Cloos nos abre un resquicio para aproximarnos a ese concepto.
Este libro será de especial utilidad para aquellos que conocen la imagen del Ser Humano que ofrece la ciencia espiritual antroposófica de Rudolf Steiner, y les ayudará a concretar de una manera inesperada aquello que habían estudiado en su aproximación al devenir del cosmos, tal como él lo expone, por ejemplo, en su Ciencia Oculta.
Sin duda parecerá descabellado o le provocará una sonrisa condescendiente a quien desconozca dicha imagen del ser humano, pero la mente abierta y la superación del miedo a perder el terreno científico bajos los pies, permitirán constatar cómo la ciencia espiritual no viene a sustituir la ciencia natural, sino a complementarla. Este es un trabajo serio, aunque no necesariamente definitivo, pero abre vías de futura investigación y permite introducir vías prácticas en algunos ámbitos. El autor inauguró algunas, por ejemplo, en el terreno de las sustancias minerales y metálicas para la farmacología, y en la aplicación de esos conocimientos en la agricultura biodinámica
MLM